Foto EFE
14 november 2024
Aún no hay justicia para víctimas del 14N
A cuatro años de represión de protestas que dejó dos personas muertas y cientos de heridos, crece riesgo de impunidad

A cuatro años de las movilizaciones de noviembre del 2020, en Lima, aún no hay responsables por las muertes de los jóvenes Inti Sotelo (24) y Bryan Pintado (22), quienes fueron asesinados en el marco de la represión estatal de las protestas. Las investigaciones para encontrar a los responsables enfrentan obstáculos en diferentes niveles.

Amnistía Internacional verificó que, durante las manifestaciones de noviembre de 2020 en Lima, agentes policiales hicieron uso desproporcionado e innecesario de la fuerza, contraria a los estándares internacionales, dispararon municiones directamente contra el cuerpo, y golpearon y lanzaron gas lacrimógeno de manera indiscriminada contra manifestantes pacíficos, lo cual generó la muerte de dos jóvenes y dejó a cientos de personas heridas.

En 2022, el Congreso archivó la denuncia constitucional contra altos funcionarios del Estado, la cual incluía al expresidente Manuel Merino y a exfuncionarios de su Gobierno como presuntos autores mediatos, impidiendo que se siga investigando a autoridades que debían proteger la vida e integridad de quienes ejercían pacíficamente su derecho a la protesta en 2020.

En un episodio más reciente de graves violaciones de derechos humanos, entre diciembre de 2022 y marzo de 2023, 51 personas murieron, entre ellas un policía, en el contexto de la represión estatal de las protestas en Puno, Apurímac, Ayacucho, Cusco, La Libertad, Junín, Arequipa, y Lima, sin que hasta el momento haya justicia.

“Han pasado cuatro años de la muerte de los jóvenes Inti Sotelo y Bryan Pintado y, nos preocupa que además de que aún no hay justicia, el uso indebido y desproporcionado de la fuerza pública en Perú contra manifestantes siga siendo una constante que vulnera los derechos humanos. Nadie debe morir por ejercer su derecho a la protesta”, sostuvo Marina Navarro, directora de Amnistía Internacional Perú.

La organización insta a la Fiscalía a continuar con las investigaciones y culminar la etapa de investigación preliminar, apuntando a toda la cadena de mando y garantizando que el proceso tenga la plena participación de los familiares de las víctimas como parte civil del mismo.

Finalmente, ante el riesgo de impunidad en ambos casos, Amnistía Internacional insta al Ejecutivo y al Congreso a establecer garantías de no repetición, para lo cual es fundamental que se derogue la ley de protección policial, promulgada en marzo de 2020, por violar el derecho internacional de los derechos humanos y dejar una puerta abierta a la impunidad y el uso excesivo de la fuerza por la Policía Nacional y las fuerzas armadas. Además, a derogar cualquier otra norma que impida la rendición de cuentas.

“No puede normalizarse el uso desproporcionado de la fuerza y la ausencia de justicia en el país. Las familias de los jóvenes Inti Sotelo y Bryan Pintado, que no podrán ver más sus hijos, necesitan justicia y no impunidad”, señaló Marina Navarro. 

No puede normalizarse el uso desproporcionado de la fuerza y la ausencia de justicia en el país. Las familias de los jóvenes Inti Sotelo y Bryan Pintado, que no podrán ver más sus hijos, necesitan justicia y no impunidad Marina Navarro, directora ejecutiva de Amnistía Internacional Perú
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En noviembre del 2020, en medio de masivas manifestaciones políticas que se produjeron en todo el país, Inti Sotelo de 22 años y Bryan Pintado de 24, fueron asesinados por ejercer su derecho a la protesta, junto a decenas de personas heridas, muchas de ellas de gravedad.
 
Dos años después, durante las protestas de 2022/2023, 50 personas murieron producto de la represión, y 1,400 fueron heridas, en diferentes ciudades del país. Amnistía Internacional concluyó que, al menos 25 de esas muertes, habrían sido ejecuciones extrajudiciales.
 
En estos eventos, Amnistía Internacional verificó que agentes de la policía hicieron uso ilegítimo, innecesario y desproporcional de la fuerza, causando lesiones y muerte contra manifestantes y transeúntes. A la fecha ninguna persona ha sido condenada por estos hechos, y las familias y víctimas siguen buscando justicia.
 
Hoy la historia vuelve a repetirse.
 
El 15 de octubre de 2025, Eduardo Mauricio Ruiz Sanz, de 32 años, murió por el impacto de un proyectil de arma de fuego en el marco de nuevas movilizaciones en el país. De acuerdo a declaraciones del Comandante General de la Policía Nacional del Perú, el disparo fue realizado por un agente policial en funciones, vestido de civil.
 
Su muerte, y las decenas de heridos de esa noche, se suman a un preocupante patrón de uso ilegítimo de la fuerza por parte de agentes policiales ante el ejercicio del derecho a la protesta. Esto no puede continuar.
Estas violaciones a los derechos humanos no deben quedar impunes.
 
Por ello, pedimos a las autoridades:
  • A la Fiscalía, llevar a cabo investigaciones céleres, exhaustivas e imparciales que permitan identificar y sancionar a los responsables, hasta el más alto nivel, conforme a los estándares internacionales de derechos humanos. El develamiento de la verdad en estos casos forma parte de la construcción de la memoria histórica sobre represión policial en el ejercicio del legítimo derecho a la protesta.
  • A la Policía Nacional del Perú, el establecimiento de garantías efectivas de no repetición, a través de la revisión de sus protocolos y la investigación y sanción disciplinaria de quienes resulten responsables, asegurando la transparencia de dichos procedimientos en búsqueda del esclarecimiento de la verdad dentro de la institución.
  • A la Policía Nacional del Perú, dejar, y prohibir, el uso de armas de fuego con munición real para el manejo y la dispersión de multitudes. Estas solo deben emplearse en contra de una amenaza inminente de muerte o lesiones graves, y exclusivamente en contra de la persona que represente este riesgo, nunca de manera indiscriminada.
  • Al Congreso, la derogación de la Ley de Protección Policial, Ley 31012, contraria a los estándares internacionales de uso de la fuerza pública en casos de manifestaciones sociales, de tal manera que se garanticen los derechos humanos en protestas pacíficas. 
La impunidad solo genera repetición.
 
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