Los activistas de derechos humanos del estado de Oaxaca, México, corren grave peligro tras el ataque perpetrado el 27 de abril contra observadores de los derechos humanos, que se saldó con dos muertos y decenas de heridos. Las autoridades no han hecho lo suficiente para investigar tanto el incidente como el paradero de las cinco personas que continúan desaparecidas tras el ataque, o para proteger a los afectados El 27 de abril, un grupo de unos 30 observadores de los derechos humanos fue objeto de una emboscada por parte de hombres armados en la zona indígena triqui del estado de Oaxaca, en el sur de México. Los grupos de derechos humanos de México creen que se trató de un ataque planeado por un grupo paramilitar que ya anteriormente había amenazado a los observadores. Éstos fueron atacados tras haberse visto obligados a detener su marcha porque había unas rocas bloqueando el camino. Un hombre, el observador Tyri Antero Jaakola, de Finlandia, y una mujer, la defensora indígena de los derechos humanos Betriz Cariño (directora de la organización CACTUS, en el estado de Oaxaca) murieron. Fuentes mexicanas sugieren que han desaparecido cinco personas, que pueden haber sido tomadas como rehenes por los atacantes. Las cinco, todas ellas mexicanas, son los periodistas David Cilia y Erika Ramírez (la única mujer entre los desaparecidos) y tres activistas: Fernando Santigo (miembro de la organización mexicana Brigadas Indígenas), y David Venegas y Noé Bautista (miembros del grupo oaxaqueño VOCAL). Al parecer, algunos de los heridos en la emboscada fueron inicialmente tomados como rehenes y luego liberados. Fuentes mexicanas sugieren que les dijeron que hicieran llegar el siguiente mensaje a Omar Esparza, miembro destacado de las organizaciones oaxaqueñas CACTUS y MAIZ: "Dígale que de esta se libró, pero él es el que sigue". Unos días antes del ataque, los defensores de los derechos humanos que organizaban el viaje pidieron a las autoridades estatales que protegieran a los observadores, pero las autoridades no lo hicieron. Tras el ataque, ni las autoridades federales ni las estatales acudieron al lugar de la emboscada hasta un día después, alegando motivos de seguridad. No se ha entrevistado a las víctimas y testigos que consiguieron identificar a algunos de los atacantes, y las autoridades no les han brindado protección. Las pruebas del lugar de los hechos aún no han sido recogidas por investigadores. ESCRIBAN INMEDIATAMENTE, en español o en su propio idioma, pidiendo a las autoridades mexicanas que: