Representantes del gobierno canadiense han reconocido abiertamente que en el proceso decisorio que dio paso a la aprobación de la construcción no se tuvo en cuenta en ningún momento si el proyecto de la represa era compatible con las obligaciones jurídicas de Canadá respecto a los pueblos indígenas. La construcción ha seguido adelante a pesar de que las primeras naciones de Moberly Occidental y río Profeta han acudido a los tribunales para impugnar la legalidad de la represa Site C.La construcción de la represa Site C es especialmente preocupante debido a que la producción generalizada de petróleo y gas, así como otras actividades de extracción de recursos en la región, ya han mermado en gran medida las tierras a disposición de las naciones indígenas para celebrar ceremonias, cosechar alimentos para sus familias o transmitir su cultura y tradición a las nuevas generaciones."No basta con que los gobiernos digan que respetan los derechos de los pueblos indígenas; deben demostrar con su actuación que los respetan en todo momento. Cualquier otra cosa sería una continuación de los mismos patrones de racismo y discriminación que durante siglos han causado el empobrecimiento de los pueblos indígenas en todo el planeta", ha afirmado Erika Guevara-Rosas.El jefe Roland Willson, de las primeras naciones de Moberly Occidental, contó a Amnistía Internacional: "Nunca hemos dicho que no a la producción de energía. Lo que hemos dicho es: 'protejamos el valle'. Es el último reducto de nuestras tierras que queda relativamente intacto".La jefa Lynette Tsakoza, de la primera nación del río Profeta, dijo: "Aún no es tarde para cambiar de rumbo. Los daños causados en el río de la Paz todavía no son irreversibles. Parar la construcción de la represa Site C es la oportunidad perfecta para demostrar a toda la población canadiense que el gobierno se toma en serio la reconciliación".Más de 46.000 personas ya han firmado una petición contra la represa lanzada por Amnistía Internacional en Canadá. Amnistía Internacional está animando a su membresía en todo el mundo para que escriban a las autoridades canadienses y les pidan que pongan fin de inmediato a la construcción de la represa, y así puedan protegerse los derechos de los pueblos indígenas.