La discriminación es una agresión a la noción misma de derechos humanos. Niega sistemáticamente a ciertas personas o grupos el disfrute de todos sus derechos humanos basándose en quiénes son o cuáles son sus creencias. Resulta fácil negar los derechos humanos de una persona cuando se la considera "infrahumana". Este es el motivo por el cual el derecho internacional de los derechos humanos se basa en el principio de la no discriminación. Los autores de la Declaración Universal de Derechos Humanos afirmaron explícitamente que consideraban la no discriminación como la base de la Declaración. Y sin embargo, en todos los países del mundo todavía persiste la discriminación por motivos de raza, etnia, nacionalidad, clase, religión o creencias, sexo, orientación sexual, identidad de género, edad o estado de salud -o por una combinación de factores-, y adopta muy diversas formas.
Desde su infancia, las niñas sufren peor trato que los niños, en forma, por ejemplo, de malnutrición selectiva y negación de igualdad de acceso a la educación y los servicios de salud. Las mujeres que no se casan se enfrentan a muchos obstáculos, como conseguir vivienda y crédito; pero a su vez, las mujeres casadas o las viudas también pueden ser tratadas como menores ante la ley. La violencia se utiliza para aterrorizar a las mujeres en el hogar, en el trabajo, bajo custodia y en situaciones de conflicto, en las que la violación se utiliza con frecuencia como "arma de guerra". Dondequiera que se inflija, esta violencia está estrechamente ligada a la posición subordinada de las mujeres en la sociedad y a las restricciones a su autonomía. En ocasiones son los funcionarios del Estado los que perpetran la violencia. A menudo son cómplices de la violencia de otros, como empleadores, autoridades religiosas o tradicionales o miembros de la familia. Decenas de países siguen teniendo leyes que tipifican como delito la homosexualidad. Estas leyes discriminatorias no sólo privan de sus derechos humanos a un sector de la población, sino que también pueden invocarse para torturar o maltratar a las personas detenidas. Al institucionalizar la discriminación, tales leyes pueden actuar como incitación oficial a la violencia contra lesbianas, gays, bisexuales y personas transgénero en la comunidad en general. Sin embargo, estos motivos de preocupación no se limitan a países donde la homosexualidad es ilegal. Debido a los prejuicios institucionalizados, las personas lesbianas, gays, bisexuales y transgénero que entran en contacto con la ley por otras razones pueden ser víctimas de abusos. Cada día, en todas las regiones del mundo, se producen actos de discriminación racial. Según las investigaciones de Amnistía Internacional, muchas, si no la mayoría, de las víctimas de brutalidad policial en Europa y Estados Unidos son personas negras o pertenecientes a otras minorías étnicas. Los Estados tienen la obligación de impedir la violencia racista a manos de cualquiera, no sólo de sus funcionarios. Y sin embargo, en muchos países los malos tratos por motivos racistas son alentados por las respuestas cada vez más xenófobas a la inmigración, la discriminación en el sistema de justicia penal y los bandos de los conflictos armados. La violencia contra los pueblos indígenas, especialmente en el marco de disputas por los derechos sobre la tierra, es una herencia de siglos de subyugación. Los pueblos indígenas figuran de forma desproporcionada entre los más pobres tanto en los países desarrollados como en los países en vías de desarrollo. Esta omnipresente pobreza tiene sus raíces en la historia de la colonización y en la constante discriminación sistémica y falta de reconocimiento de los derechos individuales y colectivos de los pueblos indígenas, incluido el desposeimiento de sus tierras ancestrales, la pérdida de control sobre sus recursos naturales y sus conocimientos tradicionales y su asimilación e integración forzadas a la sociedad dominante y la economía de mercado.[fn_trabajo_slider]