"También queremos que sean capaces de defender la idea de que Marruecos ha firmado convenciones internacionales de protección de los derechos de las mujeres, lo que significa que debe tomar todas las medidas necesarias para asegurarse de que esas convenciones se implementan en todo el país", añade.Formar a la red local de defensores y defensoras de los derechos de las mujeres y de agentes del ámbito jurídico no sólo ha demostrado ser útil para reforzar su trabajo profesional, sino que también ha contribuido a llegar a un mayor número de mujeres de diferentes orígenes sociales. "La mayoría de mujeres con las que trabajan a diario estos profesionales son analfabetas y no tienen acceso ni a información ni a recursos para conocer sus derechos básicos. Explicar en árabe marroquí de la calle qué es el derecho internacional o cuáles son sus derechos como mujeres también supone todo un reto"."Por ejemplo, he conocido a niñas de 16 años, casadas a la fuerzay que a diario sufrían abusos tanto físicos como sexuales a manos de sus maridos, que no sabían que aquello no era normal", dice Touria.Desde entonces, varios participantes han llevado a cabo sus propios proyectos para transmitir su conocimiento a otras mujeres y enfrentarse a actitudes sociales e imágenes estereotipadas.Amina Azatraoui es una de las activistas de los derechos de las mujeres que ha participado en la formación. En la Universidad de Meknes donde imparte clase, Amina ve a diario el impacto que las desigualdades de género tienen sobre las vidas de una gran parte de su alumnado: "He escuchado historias de alumnos, sobre todo de chicas jóvenes, que han sido víctimas de acoso sexual o violencia física por parte de sus familiares y a veces incluso del profesorado"."Para solucionar este problema, lo primero que hicimos fue crear un centro de atención en el que las jóvenes pudieran hablar sobre su vulnerabilidad a la violencia y recibir ayuda psicológica y asistencia médica. Ahora también ofrecemos seminarios de sensibilización en los que los estudiantes aprenden a identificar la discriminación y a defender sus derechos".Los seminarios que creó permiten a los jóvenes aprender a identificar la discriminación que han vivido y hablar abiertamente sobre ella. Cada dos meses, estudiantes de entre 15 y 20 años se reúnen y participan en debates y actividades en las que comparten y discuten los retos a los que se enfrentan. Durante esas sesiones, las mujeres también aprenden a protegerse de la violencia física y sexual y a denunciar un ataque ante las autoridades o un tribunal.Para Amina, trabajar con jóvenes y dar a sus estudiantes la posibilidad de debatir libremente sobre asuntos como la sexualidad o los derechos reproductivos ya representa un paso hacia la igualdad: "Espero cambiar la mentalidad de los hombres y las mujeres que consideran a la mujer inferior"."Las mujeres marroquíes, como los hombres, tienen el derecho a vivir una vida decente, sin ser violadas ni sufrir violencia que les impida participar plenamente en la vida política, económica y social del país. Debemos luchar por ello y cambiar la realidad. De esta manera, aseguraremos la libertad y la dignidad de todas las mujeres y construiremos una sociedad más sana", afirma.